Nadie sale de la deuda en soledad
Si sos militante y te querés organizar por el desendeudamiento, este manual también es para vos.
Este endeudamiento generalizado nos pone frente a un desafío político de primer orden. No se trata solo de un problema microeconómico, ni de sustentabilidad financiera, sino que implica la pregunta por cómo vamos a construir dispositivos concretos que politicen el malestar que genera el ajuste, que tornen colectivos y públicos los problemas que se viven como asuntos privados.
Por eso, con este manual queremos contribuir a una de las tareas militantes más importantes del momento: crear mecanismos de educación financiera popular para aprender a defendernos, activar la participación de la sociedad para politizar la deuda y organizar el malestar individual para construir una salida colectiva. Porque creemos que en el desendeudamiento de nuestras familias y de nuestro país está la verdadera libertad.
De la casa a la calle
Como te venimos contando, el endeudamiento no es un desajuste temporal de las finanzas ni el reflejo de decisiones individuales erradas, es el resultado de un plan económico que conduce al ahogo financiero, que se explica fundamentalmente con la articulación de tres elementos: ingresos debilitados, digitalización de las finanzas y desregulación del sistema financiero.
Así como en la sección de herramientas brindamos recursos para la autodefensa contra este sistema que acorrala y profundiza el endeudamiento, acá nos interesa destacar experiencias y acciones que puedan generar un sentido colectivo y político en relación al tema de la deuda.
Desde nuestra perspectiva, el corazón de lo que entendemos por "autodefensa financiera" es la organización colectiva. Necesitamos llevar la deuda desde las casas a la calle y para eso, la mejor herramienta es la generación de instancias colectivas que ayuden a desprivatizar el malestar.
El movimiento de mujeres y disidencias de nuestro país es uno de los actores que viene trabajando para poner este tema en agenda, en las asambleas transfeministas y las movilizaciones masivas la consigna "vivas, libres y desendeudadas nos queremos" se instaló hace ya varios años. Por ello, si hoy existe todo un vocabulario disponible para volver colectivo el problema del endeudamiento es porque hay prácticas políticas anteriores que lo hicieron posible.
La asamblea, la ronda, el encuentro son instancias que han permitido un proceso de politización de la deuda, cuando el endeudamiento comenzaba a expandirse como problema. La mirada feminista ha sido y es fundamental porque permite mirar y narrar los procesos económicos desde el ras de la vida cotidiana.
Desde las organizaciones populares venimos visibilizando el problema en diferentes espacios y llevando adelante acciones concretas como talleres, encuentros, relevamientos, notas periodísticas y acompañamientos a personas sobreendeudadas.
Los sindicatos son otro actor que viene abordando el tema, con debates, con espacios de asesoramiento para sus trabajadores/as e incluso con la incorporación del tema en las discusiones paritarias.
En algunos lugares existen cooperativas que ofrecen financiamiento alternativo al sistema financiero tradicional para ayudar a las personas endeudadas, en otros lugares se armaron sindicatos de deudores.
Desde las organizaciones que realizamos este manual, Ciudad Futura y Movida Ciudad, compartimos la experiencia de los acompañamientos, dispositivos que creamos para asesorar y acompañar, donde la primera tarea es una contención cuidada para abordar la afectación en la salud mental que provoca el endeudamiento. Esta es nuestra experiencia pero sabemos de tantos otros dispositivos similares que se llevan adelante a lo ancho y a lo largo del país.
Desde Movida Ciudad también se vienen sosteniendo talleres de autodefensa financiera, donde se ofrecen herramientas para defenderse frente a cobros abusivos y para politizar la deuda como problema colectivo. Incluso se han sostenido Encuentros Federales donde se cruzan personas con situaciones similares de todo el país.
También a partir del activismo, estos debates están permeando en las legislaturas locales y en el Congreso de la Nación, donde actualmente hay más de una veintena de propuestas para abordar esta emergencia.
Desde la organización política tenemos el desafío de abonar a la constitución de un sujeto que reconozca el carácter político de su situación de ahogo financiero. Es fundamental seguir multiplicando las acciones y los ámbitos de debate donde poner en común las implicancias y efectos de la deuda en la vida cotidiana de las personas, como aspecto fundamental en la politización de la deuda y en la construcción colectiva de estrategias para desmantelar esa maquinaria.
¿Cómo desmantelar la máquina?
La emergencia de endeudamiento en la que vivimos hoy es el resultado lógico de una maquinaria cuyos engranajes interactuaron sincrónicamente: una caída histórica de los ingresos que transformó al crédito en una estrategia de supervivencia diaria; el avance de plataformas digitales preparadas para capturar esa necesidad a un solo clic y una desregulación estatal que liberó tasas y eliminó controles garantizando la impunidad del negocio.
Este colapso se da en un marco de naturalización de la crueldad como regla de gobierno y como regla de mercado. Además, el funcionamiento de la máquina de endeudar es una buena síntesis del proyecto económico de las élites argentinas: precarización de la vida, de los ingresos y de los empleos con ganancia extraordinaria y concentración económica.
Desmantelar la máquina es una necesidad que requiere atención urgente. Pero hay que reconocer que mientras no logremos revertir el deterioro distributivo y los ingresos sigan siendo insuficientes para cubrir necesidades básicas, muchas personas seguirán necesitando financiamiento para vivir. Si bien el primer engranaje permanecerá inalterable hasta entonces, esto no implica que la máquina deba quedar en pie.
Hay que intervenir sobre los otros dos componentes que sí pueden ser neutralizados en el cortísimo plazo, mediante la política pública y la organización social. Por eso sostenemos que es urgente y necesaria la sanción, por parte del Congreso, de una ley o conjunto de leyes tendientes a reconocer la emergencia crediticia de los hogares argentinos. Necesitamos un marco normativo que contemple mecanismos concretos de desendeudamiento de los hogares, que incorpore condiciones para regular el sistema financiero y los proveedores de crédito, y garantice herramientas de transparencia y control ciudadano frente a prácticas abusivas.
El primer paso sería dar una respuesta a quienes ya quedaron atrapados/as en el sobreendeudamiento. Hace falta un programa de solución de la mora que contemple quitas agresivas. No sería un privilegio ni un rescate injustificado, sería un acto de justicia económica. En muchos casos, las familias ya pagaron varias veces el dinero que recibieron, debido a tasas usurarias e intereses abusivos. Frenar las ejecuciones y limpiar los registros crediticios es clave para devolver oxígeno a las economías familiares.
Al mismo tiempo, es imprescindible refundar un marco regulatorio que proteja a las personas frente a los abusos y la discrecionalidad de bancos, billeteras virtuales y plataformas de crédito. Esto significa recuperar la capacidad del Estado para controlar el sector y regular la conducta de las entidades, restableciendo las facultades plenas de control y sanción del Banco Central. Argentina necesita volver a establecer límites estrictos a las tasas de interés y los costos financieros, prohibir los cargos fijos por mora, poner límites de afectación de ingresos para evitar que las cuotas ahoguen la economía familiar, y avanzar como lo hicieron otros países en la regulación de las plataformas y las Fintech.
Por último, reforzar los derechos al consumidor garantizando que todas las personas reciban información clara y comprensible antes de tomar un préstamo, mediante la exigencia de contratos transparentes y la eliminación de la trampa de la adhesión instantánea a un solo clic, garantizando que el consentimiento no sea una vía libre para la usura digital.
Proteger a la gente frente al abuso financiero significa establecer reglas justas para que la necesidad no sea utilizada como una fuente de ganancias extraordinarias. En definitiva, se trata de recuperar la capacidad de las personas para decidir sobre su propia vida y proteger a la sociedad frente a un modelo de extractivismo financiero que hoy avanza sin límites.