Saltar al contenido
Autodefensa financiera

El impacto de la deuda en nuestras vidas

Ilustración: una persona con guardapolvo exhala una forma de intestino en espiral, rodeada por un grupo de mujeres superpuestas.

Sobre los cuerpos y la salud mental

La situación de endeudamiento desordena la vida y provoca un enorme sufrimiento que se suele transitar en soledad. El sistema está diseñado para que cada quien asuma como una responsabilidad exclusivamente individual un problema que, en realidad, se origina en el régimen económico y social. A esta forma de experimentar como privado un problema colectivo, se la ha denominado «privatización del malestar» o «privatización del sufrimiento».

Esta «privatización» implica que al no explotar hacia afuera, la deuda implosiona hacia adentro. Se producen sentimientos de fracaso que deterioran la autoestima, o sentimientos de vergüenza y culpa que llevan a las personas a alejarse de sus redes afectivas y de contención, debilitando el tejido comunitario, que es precisamente el recurso más necesario para afrontar estas situaciones. Además, en muchos casos los cobradores o acreedores, hostigan a las personas endeudadas, generando un temor constante a las intimidaciones y las extorsiones.

Así, la deuda se territorializa en los cuerpos, se somatiza. No es una abstracción o solamente un conjunto de preocupaciones, sino una tensión física real que se manifiesta en distintos síntomas. Estar permanentemente en estado de alerta (esperando un mensaje de cobranza, calculando si llega el pago, inventando nuevas fuentes de ingreso) agota el sistema nervioso.

Vivir con deudas implica habitar un futuro ya comprometido. Se pierde la capacidad de proyectar, porque el esfuerzo del presente queda absorbido por las obligaciones del pasado. La incertidumbre deja de ser una excepción para convertirse en la norma.

La sensación de que es imposible encontrar una solución a un malestar tan intenso configura un escenario sumamente delicado para la salud mental. Los contextos de crisis económica en general y de endeudamiento particularmente, multiplican los cuadros de ansiedad, depresión, comportamientos autolesivos, suicidas y de violencia en general. En el mismo sentido, se evidencia el aumento de la medicalización (psicofármacos) o los consumos problemáticos (alcohol o drogas) y de adicciones (al juego por ejemplo) como formas de «soportar» o de lidiar con sufrimientos que se vuelven crónicos.

Frente a este escenario, resulta indispensable promover políticas integrales que aborden el endeudamiento no solo como un problema financiero, sino también como una cuestión social, sanitaria y de derechos humanos. Al mismo tiempo, la clave es fortalecer las redes comunitarias, con dispositivos de acompañamiento que permitan mitigar el impacto del endeudamiento en la salud mental y reconstruir las condiciones necesarias para que las personas puedan recuperar la capacidad de proyectar su futuro.

La dimensión de género

Es en esta intersección donde la macroeconomía financiera choca de frente con la microeconomía del hogar. El sobreendeudamiento limita la autonomía de las mujeres, haciéndolas más vulnerables por una cuestión central: las mujeres se endeudan para cuidar.

La responsabilidad cotidiana de los cuidados incrementa la necesidad de endeudarse para afrontar los insumos de ese cuidado, al mismo tiempo que limita las posibilidades de generar ingresos suficientes para cancelar esas deudas. La carga habitual del cuidado se entrelaza con la de la deuda, en las mismas variables: naturalización, invisibilización, carga mental y tiempo de dedicación.

Se genera un círculo vicioso donde se toma deuda para sostener la vida y esa misma deuda precariza la salud de quien cuida. Es, literalmente, «quemar» la salud propia para sostener la ajena. Por ejemplo, las mujeres dejan de comprar sus medicamentos, cancelan sus turnos médicos o reducen la calidad de su propia alimentación para cubrir los gastos del hogar.

Además, la mayor inserción de las mujeres en empleos informales, precarios y de menores ingresos, aumenta la probabilidad de que recurran a fuentes de financiamiento informales, asociadas a tasas de interés más elevadas y en condiciones más gravosas.

En consecuencia, el sobreendeudamiento no solo refleja las desigualdades de género existentes, sino que también contribuye a profundizarlas, consolidando un ciclo que afecta la autonomía económica, sobrecarga de cuidados y deteriora las condiciones de vida de las mujeres.

Un caso

El camino de la deuda, la historia de Claudia y Eduardo

Así se ve, paso a paso, la espiral que acabás de leer — y así se sale de ella. Recorré la ilustración o leé el texto completo más abajo.

El camino de la deuda, la historia de Claudia y Eduardo, en diez pasos Ilustración narrativa de diez escenas, dispuestas sobre las letras de la palabra «DEUDA», que muestra cómo una pareja cae en la espiral del endeudamiento y sale de ella organizándose colectivamente. El texto completo de los diez pasos está en la lista debajo de la ilustración.
  1. 1 Claudia y Eduardo ganan +$2M entre los dos, pero ya arrancan cada mes con +$1M comprometido en alquiler, impuestos, luz, gas y transporte.
  2. 2 Claudia empieza a cubrir con la tarjeta súper, remedios y ropa para la hija.
  3. 3 Paga el mínimo. Lo que adeuda crece con un interés del 75% anual. Al mes siguiente se repite lo mismo.
  4. 4 A los 3 meses debe tanta plata que no llega ni a pagar el mínimo. Lo que adeuda, ahora crece con un interés punitorio del 150% anual.
  5. 5 Pide un préstamo para «limpiar» la tarjeta. Ahora suma una cuota fija de $180.000 que su sueldo no cubre.
  6. 6 Le ofrecen un crédito a través de una app, le cobran el doble de interés que el banco pero ella no lo sabe y acepta con un click.
  7. 7 Claudia suma horas de trabajo, Eduardo empieza a hacer Uber. Casi todos sus ingresos se van en la deuda y sus intereses usurarios.
  8. 8 Tienen que elegir entre comer o pagar. Dejan de pagar todo. Aparecen las agencias de cobranza.
  9. 9 Llamados a las 7 y a las 19. WhatsApp a Claudia, a Eduardo, a las familias, a sus trabajos. Mails con amenazas legales.
  10. 10 Se encuentran con otras personas que viven su misma situación, se asesoran, se organizan. Se juntan a leer este manual, empiezan a superar la angustia y a construir una salida colectiva.

Seguir leyendo: nadie sale solo/a de la deuda →

← Volver a la máquina